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Johann Joachim Winckelmann: Paroxismo ante Apolo.

noviembre 27, 2011

El Apolo de Belvedere (Leócares, s.IV a.C.) fue considerado durante siglos como el paradigma de la estética clásica.

El artista creó una figura puramente ideal empleando solamente el material que le permitía realizar su idea. Esta estatua sobrepasa a todas las demás representaciones de los dioses, de la misma manera que la descripción de Homero supera a las intentadas por todos los demás poetas. De más altura que un hombre, su actitud declara su divina grandeza. Una eterna primavera, como la que reina en los felices campos del Elíseo, arropa su cuerpo con los encantos de la juventud y brilla blandamente sobre la orgullosa estructura de sus miembros. Para comprender esta obra maestra hay que sondear las bellezas intelectuales y convertirse, si es posible, en creador divino; pues aquí nada hay mortal ni nada está sometido a las humanas necesidades. Este cuerpo, que ninguna vena marca ni mueve ningún nervio, está animado por un espíritu celestial que atraviesa todas sus partes como un dulce vapor. Ha perseguido a la Pitón y contra ella utilizó su arco por primera vez; con una vigorosa zancada ha dado alcance al monstruo y lo ha matado. Su altanera mirada, llena de consciencia de su poder, parece elevarse por encima de su victoria para contemplar la eternidad. El desdén se asienta en su frente y sus ojos están llenos de dulzura como cuando las musas le acarician…
Cual tiernos zarcillos de vid, sus hermosos cabellos flotan en torno a la cabeza como suavemente cepillados por el aliento del céfiro. Semeja perfumado por la esencia de los dioses y atado con encantador cuidado por las manos de las Gracias. En presencia de este milagroo del arte me olvido de todo el Universo y mi alma adquiere una altura apropiada a su dignidad. De la admiración paso al éxtasis, y siento que mi pecho se dilata y eleva como si estuviese lleno del espíritu de profecía; me veo transportado a Delos y a las sagradas arboledas de Licias, lugares que Apolo honró con su presencia, y la estatua parece cobrar vida como la bella creación de Pigmalión
 
Joahnn Joachim Winckelmann (1717-1768)
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