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Vincent Van Gogh pintando girasoles (1888) – Paul Gauguin. Contempoanálisis III

noviembre 28, 2011

Vincent Van Gogh pintando girasoles

1888

Óleo sobre lienzo, 73×92 cm.

Museo Van Gogh, Ámsterdam

En verano y otoño de 1888, Paul Gauguin trabajará como maestro en Pont Aven, en la Bretaña francesa, lugar en el que el artista se instaló en febrero de ese mismo año, buscando inspiración para su obra.

Bajo esta tesitura, Gauguin realiza incesantes intercambios de ideas a lo largo de varios meses con sus amigos Bernard y Van Gogh. Finalmente, nace una entusiasta idea por parte de los tres pintores y, muy en especial, gracias a Van Gogh: El “Taller del Sur”, ubicado en Arlés. Un ambicioso proyecto de escuela de artistas en el que, según las ideas de Van Gogh, la hermandad y el trabajo común llevarían al proyecto a convertirse en una escuela de pintores afianzados en las nuevas corrientes estéticas del arte.

 Finalmente, Gauguin se pone en marcha hacia Arlés para encontrarse con Van Gogh, quien, caprichos del destino, había plasmado ya varias composiciones de girasoles en una serie de telas destinadas específicamente a la decoración de la habitación que Gauguin debía ocupar en “La casa amarilla”, hogar donde residirían ambos pintores.

 Lleno de reservas, Gauguin parecía intuir ya las divergencias y violentos arrebatos que la convivencia provocaría entre estos dos personajes de carácter tan distinto, quienes habían tenido poco contacto hasta entonces. A los pocos días de su llegada, Gauguin escribirá a Bernard: “Vincent y yo estamos, por lo general, muy poco de acuerdo, sobre todo en pintura”.

Estas diferencias instauran una especie de duelo pictórico entre ambos, que acrecentará el radicalismo en Gauguin y Van Gogh a la hora de desarrollar un estilo pictórico propio. Como tónica general, podemos considerar que uno intenta alejarse del camino del otro y tomar vías estilísticas diferentes, y viceversa.

 Sin embargo, no todo es conflicto, y a la llegada a Arlés, Gauguin nunca ocultó su admiración por la capacidad de Van Gogh para esculpir las flores con espesas capas de pintura, así como su ritmo esencial y simplificado. Según palabras del propio Van Gogh, los girasoles eran una “metáfora ligada a la tierra de la energía del sol”

 En una de sus cartas, Gauguin describe los girasoles de la siguiente manera: “En mi habitación amarilla había girasoles de ojos púrpura sobre un fondo amarillo. Estaban en un jarrón amarillo sobre una mesa amarilla. En una esquina del cuadro estaba la firma del pintor: Vincent. El sol amarillo que brillaba a través de las cortinas amarillas de la habitación inundaba de oro toda esta magnífica flor […] Oh, sí, el divino Vincent amaba el amarillo […] yo adoraba el rojo”

Fruto de esta admiración por el tema de los girasoles, Gauguin realizó un retrato de Van Gogh pintando una de sus famosas composiciones sobre esta flor.

En la obra que nos ocupa, Gauguin representa a Van Gogh en plena actividad creativa, observando atentamente el modelo de sus girasoles. Esta atención tan denotada puede encerrar un significado más profundo del que aparenta a simple vista: Posiblemente, Gauguin quisiera plasmar en este retrato la técnica empírica y observativa de Van Gogh, en contra de la técnica pictórica de Gauguin, que parte más de la imaginación y la intuición.

 Nos lo muestra de manera claramente tensa, fiel reflejo de la atormentada mente del artista retratado. Los recortes bruscos de los principales elementos compositivos del cuadro y la perspectiva algo superior desde la que está realizado acentúan aún más esta sensación de inestabilidad. Respecto a esta afirmación, Van Gogh opinará de este retrato: “Era yo realmente, tal como estaba entonces, extremadamente cansado y cargado de tensión.”

 El cuadro fue realizado en diciembre, época en la que los girasoles ya están marchitos. El rojo apagado de los mismos parece ser un reflejo de la vívida barba roja de Van Gogh. El centro de la composición queda extremadamente vacío, y Gauguin lo rellena con una serie de líneas de colores planos delineadas por unos contornos perfectamente definidos. Esta es la técnica del cloisonné, tomada directamente de la orfebrería y las vidrieras góticas. Este recurso será ampliamente explotado por Gauguin y los continuadores de su estilo, hasta llegar finalmente al fauvismo.

Una vez más nos encontramos ante la inspiración japonesista de ambos artistas: la carencia de profundidad en la escena está inspirada de manera directa en las mismas. Desde esta perspectiva, el caballete queda apenas reducido a un par de líneas diagonales.

Podemos asociar esta obra, de manera especialmente expresiva y emotiva, a una cita de Gauguin que nos muestra, de manera rotundamente decidida, la valía que hace recaer sobre los pintores, el espíritu que les imbuye cuando se encuentran en pleno proceso creativo.

“Delante de su caballete, el pintor no es esclavo de nadie…ni del pasado, ni del presente, ni de la naturaleza, ni de su vecino.

Él, todavía él, siempre él”

Paul Gauguin

La semana que viene en Contempoanálisis:
Casa Tassel – Víctor Horta

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