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El mito y el arte. Baco y Ariadna.

diciembre 24, 2011

Ovidio recoge de manera delicada y poética en su conocidísima obra Ars Amandi (2 a.C. – 2 d.C.) la versión más conocida del mito sobre Baco y Ariadna, uno de los mitos clásicos más recurridos en la Historia del Arte. El poeta latino lega sus versos a la historia de la siguiente manera:

“La hija de Cnossos erraba perdida por playas desconocidas, allí donde la pequeña Día es castigada por las olas del mar; tal como se encontraba al despertarse, vestida con una túnica sin ceñir, los pies desnudos, sus cabellos, color de azafrán, sin atar, proclamaba la crueldad de Teseo a las olas que no la escuchaban, al tiempo que una lluvia de lágrimas que no merecía inundaba sus delicadas mejillas. Gritaba y lloraba al mismo tiempo y ambas cosas le sentaban bien; sus lágrimas no la hacían más fea. Y golpeándose de nuevo el delicadísimo pecho con sus manos decía: “aquel pérfido me ha abandonado, ¿Qué será de mí?, ¿Qué será de mí?” Resonaron címbalos por toda la playa y tambores golpeados por manos frenéticas.

Ella cogió miedo y sus últimas palabras se apagaron. En su cuerpo exánime no quedaba ni una gota de sangre. He aquí a las Bacantes con los cabellos esparcidos por al espalda, he aquí a los ligeros sátiros, al turba que precede al dios; he aquí al viejo Sileno, ebrio, que apenas si se sostiene sobre su asno, encorvado bajo su peso y que coge y retiene hábilmente sus crines. Mientras, perseguía a las Bacantes y las Bacantes huían de él y, al mismo tiempo, lo provocaban; mientras él, como mal caballero, golpeaba al cuadrúpedo con el látigo y, resbalando del asnillo, orejudo, cayó de cabeza. Los sátiros gritaban: “levántate, anda, levántate, padre”.

 Ya el dios, encima de su carro que aparecía repleto de uvas, aflojaba las riendas doradas a los tigres que lo llevaban. El color, el recuerdo de Teseo y la voz desaparecieron simultáneamente de la joven. Tres veces intentó huir y tres veces fue retenida por el miedo. Se estremeció igual como tiemblan las estériles espigas agitadas por el viento, igual como tiembla la ligera caña en el húmedo pantano. El dios le dijo: “¡Ea!, estoy aquí para dedicarte una atención más fiel, no tengas miedo, hija de Cnossos, de Baco serás la mujer. Recibe el cielo como presente; en el cielo serás contemplada como un astro; a menudo la Corona Cressa guiará la nave indecisa” Así habló y, a fin de que no tuviera miedo de los tigres, bajó de su carro (sus pasos quedaron señalados en la arena), la apretó contra su pecho (porque ella no podía resistírsele) y se la llevó consigo; no hay nada difícil para el poder de un dios. Unos cantan “Himeneo”; los otros gritan: “Ehuion, éhuhoe”. Así se unen en el tálamo sagrado la joven esposa y el dios.”

Así, realizaremos un repaso a lo largo de las representaciones del mito durante la Historia. Algunos autores, ya en época renacentista, barroca y posteriores, han sido fieles a la poética de Ovidio, bien difundida desde el siglo XV e incluso antes. Siempre, por supuesto, fieles a las exigencias de su tiempo y de su estilo.

Baco y Ariadna. Cerámica griega (pinturas negras). 500 - 450 a.C.

Baco y Ariadna en banquete. Relieve grecobudista, s. II - I a.C.

 Ariadna en Naxos. Mosaico romano, s. IV d.C.. MNAR, Mérida-Baco encuentra a Ariadna abandonada en Naxos. Mosaico romano, s. IV d.C. MNAR, Mérida.

Debido al paulatino abandono de la estética y la cultura clásica, el mito se abandona durante casi mil años. En torno a 1520, Tiziano Vecellio lo rescata de manera magistral para la Historia del Arte, con su inimitable lienzo al respecto, ubicado hoy en la National Gallery. Es, con mucho, el autor más fiel a la narración de Ovidio. Con toda probabilidad, su inspiración en el fragmento del Ars Amandi fue directa.

Baco y Ariadna. Tiziano Vecellio, 1520. National Gallery.

El triunfo de Baco. Annibale Carraci, 1595-1605

El fresco de Carracci, en el Palazzo Farnese, Roma, es también un reflejo fiel del relato de Ovidio. No obstante, respecto a su peculiar y triunfal retórica barroca, toma ciertas licencias que lo alejan de la sensibilidad del autor latino.

Baco y Ariadna. Guido Reni, 1630.

Guido Reni, el gran discípulo de la Academia de los Encaminados de Carracci, nos ofrece, en su obra, una composición plenamente clásica, equilibrada y con un mensaje directo, que, aún destacando por su intenso colorido, se aleja del fasto de Carracci y casi anticipa las composiciones neoclásicas en las que el mito de Baco y Ariadna, aunque igualmente recurrente, sufrirá ciertas transformaciones.

Ariadna abandonada por Teseo. Angélica Kauffmann, 1774.

Angélica Kauffmann, uno de los grandes estandartes olvidados del neoclasicismo pictórico, aborda el mito justo en el momento anterior a la llegada de Baco, ofreciéndonos una obra con un trasfondo puramente dramático, alejada del aparato triunfante de las anteriores composiciones barrocas.

Baco y Ariadna. Eugene Delacroix. 1862.

Kauffmann, con su obra plena de dramatismo, casi se anticipa a la obra de Delacroix, mucho más íntima y anodina, en un encuentro amoroso lleno de sentimiento, donde el dios ofrece su inmortal mano a la desesperada Ariadna. Un gesto, con mucho, más humano y sentimental que el regalo de la Corona Cressa.

No hay nada difícil para el poder de un dios

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